viernes, 1 de octubre de 2010

Bajar de peso: Cómo evitar fracasar en el intento


La voluntad es el principal móvil que conduce a una persona que padece de obesidad a llevar una dieta para descender de peso. Es un camino largo y de sacrificios que tiene una meta final: Cambiar los hábitos para estar saludable. No obstante, por diversos motivos algunos se quedan en el camino y lo abandonan. Una de éstas causas es la vergüenza de enfrentar al médico. Al iniciar un tratamiento de descenso de peso, algunas personas le confieren al especialista un rol omnipotente que le hace pensar que éste logrará controlar la situación que ellos no pueden afrontar. Entonces, si el nuevo tratamiento falla, se tiende a hacer responsable del fracaso a la prescripción médica y no a las dificultades propias para cumplirlo.“El 30 por ciento de los pacientes que no logran cumplir con la prescripción de comer menos, abandonan la dieta por vergüenza de enfrentar a su médico”, destaca el doctor Ricardo Chiosso, Director Médico del Sanatorio Diquecito, en Argentina, especializado en tratamientos para la obesidad.

Ciclo de vergüenza

Este ciclo crece proporcionalmente con cada recaída. El mayor problema del abandono de la dieta se produce cuando la persona se da cuenta de que no hay grandes diferencias entre propuesta terapéuticas de reeducación alimentaria sino que todas implican reglas de restricción que no pueden cumplir. Es allí cuando la inunda un sentimiento de vergüenza que la lleva a no presentarse más ante ese profesional y la salida resulta empezar la búsqueda de un nuevo profesional que tendrá un método más llevadero para bajar de peso.La persona vuelve a darse cuenta de que no pudo asumir la prescripción, tras lo cual abandona el tratamiento y en lugar de analizar las causas del fracaso culpa a la dieta y al médico que se la recetó, buscando un nuevo profesional que lo llenará de ilusiones hasta que se dé cuenta de que éste tampoco tendrá la potestad para solucionar el problema. Volverá la culpa y la vergüenza.

Cómo es el perfil

Quienes más padecen esta situación son quienes tienen personalidades dependientes. A grandes rasgos, estos son personas que buscan continuamente que las demás personas los valoren y destaquen lo que hacen. Además, muestran una alta necesidad de apoyo y atención, y si se le priva de afecto y cuidado, experimentan un acusado malestar, tristeza y ansiedad.

Cómo debe actuar el entorno social y familiar

- No presionar: Se debe entender que la obesidad no es una enfermedad como la gripe, que tiene un comienzo y un final. Con la obesidad se lucha toda la vida, y hay que ayudar a la persona a cambiar sus hábitos. En ese cambio de hábitos se debe saber que el fracaso es posible, porque de éste aprenderemos.


- No condenar: Es importante que la familia acompañe tratando de colaborar de distintas maneras. Por ejemplo, tener una alimentación más sana en general (sin hacer distinciones), quitar de la vista las cosas tentadoras; no sacarle a la persona la comida de la boca ni retarlo a la hora de comer.


- Interesarse: Debemos acompañar a nuestro ser querido a las consultas como lo acompañaríamos si tuviese que hacerse cualquier tipo de estudio médico.


- Educar: Transmitir la idea de que no hay grandes secretos en esto de bajar de peso, y que todo depende de poder cambiar hábitos de vida.


Fuente: Prof. Dr. Ricardo Chiosso (M.P. 13766), Director Médico de Sanatorio Diquecito, Córdoba, Argentina.

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